RSS Feed LVEA | Escribe tu e-mail:

Metamorfosis de un sueño

1 11 2008

Llevo una racha de toma de decisiones que por fin está acabando. Empecé dejando la cafeína, el sábado pasado perpetré finalmente mi separación definitiva de Microsoft (estoy escribiendo este post con un flamante MacBook del que estoy totalmente enamorada) y ayer acabamos con un sueño que empezaba a convertirse en pesadilla.

Hace un año aproximadamente, cuando la crisis era sólo una amenaza fantasma, nos embarcamos en la ilusionante aventura de cambiarnos de vivienda. Actualmente vivimos tres personas en una casa antigua de sólo dos habitaciones más un pequeño estudio (que no da ni para poner una cama). Aquí vivimos mi marido y yo con mi abuela, de 82 años, y el Bitxo (un yorkshire adorable).

Somos jóvenes y la intimidad que nos queda es poca; además la convivencia a menudo es muy difícil por lo que poder tener un piso más amplio donde tener nuestro propio espacio era un sueño fascinante, así que en julio del año pasado nos comprometimos para comprar un dúplex de nueva obra justo en frente de nuestra casa actual.

Aportamos 22.000 euros como entrada más un total de 3.800 euros en gastos de cambios respecto al original (diferente suelo, preinstalación de aire acondicionado y descalcificador de agua, etc). A medida que iban pasado los meses y, en especial, a partir de este verano empezamos a ver que las cuentas hechas concienzudamente hace año y medio se habían ido diluyendo por momentos. El valor del piso nuevo no bajaba (72M de las antiguas pesetas, sin IVA ni gastos de hipoteca) pero el de nuestra casa sí (de 45M a 35M y bajando) y el creciente diferencial debería ser cargado a la futura hipoteca a un interés que no paraba de crecer mes a mes.

Cuando nos embarcarmos en la aventura contábamos con la venta consentida del piso de mi abuela pero viendo que su actitud era peor que negativa al respecto dedicimos jugarnos sólo lo nuestro aunque muy en parte el origen del cambio de vivienda había sido ella. La convivencia sigue siendo complicada a menudo pero al menos ahora no tenemos miedo al futuro.

Desde hace un par de semanas venimos hablando del cambio de vivienda y poco a poco hemos ido valorando que lo que, en principio podía ser un sueño tenía visos de convertirse en la peor de nuestras pesadillas. Recalculadas las cuentas el coste de la posible hipoteca era una temeridad; nuestros números ya no cuadraban así que con todo nuestro dolor y dando por perdidos los 22.000€ de la entrada fuimos a hablar con el constructor ayer por la tarde para comunicarle nuestra decisión irrevocable: renunciamos a la compra de nuestro piso.

Si existe un constructor honrado en España, cosa que dudaba, hemos ido a dar con él. Se tomó mejor de lo que esperábamos nuestra decisión (y eso que no tiene vendido ni uno de los 11 pisos) y nos dijo que nos devolvería el dinero de la entrada en cuanto lo vendiera. Sólo nos dijo que, en caso de que lo vendiera pero tuviera que cambiar algo de lo que nosotros habíamos cambiado (pusimos platos de ducha en vez de bañeras, no alicatamos algunas paredes del baño ni de la cocina, etc…) lo deduciría de nuestro dinero aportado. Nos ofreció alguna otra posibilidad (como un alquiler con derecho a compra, etc)… Entramos a la reunión con 25.800€ perdidos y por lo menos parece que podemos recuperar 22.000 algún día.

Ni duda cabe que la paz que nos embarga hoy no vale ese dinero. Hemos renunciado (me gusta más pensar que aparcado) a un sueño pero también nos hemos librado de una horrible pesadilla. Empiezas aprendiendo a practicar la toma de pequeñas e insignificantes decisiones un buen día y acabas retomando y controlando el resto de tu vida. Y esa sensación no tiene precio…

Todo lo demás: tarjeta Mastercard.

Technorati Tags: | | |

Otros artículos similares: Síndrome de abstinencia | Un sueño me espera | Cómo perder 5 kilos y no morir (de hambre) en el intento | Madonna, Londres y Victoria Beckham (parte I)



El inútil… ¿nace o se hace?

24 10 2008

Estoy segura de que al leer la palabra inútil te va a venir alguien a la mente. Todos conocemos a alguien y todos nos hemos sentido inútiles alguna vez. Hasta aquí, todo entra dentro de lo probable y lo meremente anecdótico. La cosa se pone interesante cuando nos topamos con el inútil profesional; el que ejerce, vamos.

Generalmente es alguien que gana bastante más que tú y que ha llegado hasta su poltrona gracias a que o bien es un tonto útil o bien es un inútil listo. A veces cuesta etiquetarlos porque mudan de un estado a otro, dependiendo de cómo gire el viento; son, ante todo, supervivientes y son, en general, más inteligentes que tú y que yo.

No hace mucho salió esta conversación con unos amigos. Nos preguntábamos por qué en la mayoría de trabajos el que está por encima es un completo inútil. Todo el mundo lo sabe, es vox populi pero allí sigue. Si de aquí a 20 años vuelves al último trabajo que tuviste, quizás la mayoría de tus excompañeros hayan dejado la empresa pero ten por seguro que el inútil seguirá allí. Y seguro que habrá conseguido un par de ascensos.

Además hoy en día los inútiles están más de moda que nunca: dominan el mundo. Quiebran bancos saneados, llevan a la crisis potencias mundiales y, sin embargo, se van a casa con los bolsillos llenos mientras el resto del mundo se vuelca para reflotar los barcos que ellos han dejado a la deriva. Las ratas son siempre las primeras en abandonar los barcos así que si un inútil se va: véte detrás. Porque, además, son gente con suerte; no sé cómo se lo montan pero siempre consiguen eludir responsabilidades.

Y yo me pregunto: en realidad, el inútil ¿nace o se hace?. Quizás sirva un ejemplo (cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad):

Pongamos que Don Menganito llega a la empresa Güiardechampionsmaifren, S.A. Acaba de salir de la universidad, de hacer cuarto y mitad de Master del Universo, habla hasta swahili y quiere aplicar todo lo que ha aprendido y aprender cosas nuevas. Pero tendrá que empezar desde abajo porque la vida es asín: no hay máster ni idiomas que valgan, la experiencia es lo que cuenta, de momento. Don Menganito llega cada mañana el primero a la empresa, hace sus tareas y cuando las acaba pide más a su jefe. El jefe cada vez va delegando más en Don Menganito para que así se sienta útil. Esa carga de trabajo lleva a Don Menganito, el del master, el de los idiomas y el que no tiene experiencia a pasarse el día pasando informes que luego firmará como propios el Jefe así que acaba haciendo las mismas tareas sin motivación. Cada vez que el Jefe le pregunta si sabe hacer tal cosa él se alegra de poder decir que sí para así demostrarle que puede contar con él para cuando quiera, aunque eso le suponga más carga de trabajo. Se vuelve a motivar, ve que en realidad el Jefe se está ocupando de su formación y sabe bien que sus conocimientos son amplios y aplicables.

En eso llega alguien nuevo a la empresa, alguien algo más mayor, de la vieja escuela. Pongamos que se llama Don Inútil. Apenas habla bien el castellano pero tiene gracia y salero; sabe venderse. Tiene mucha experiencia, sabe delegar y ha conseguido ser alguien desde la nada en todas las empresas en las que ha estado. Esto sorprende al Jefe, cautivado por la capacidad de superación de Don Inútil. Admira que “personas con poca formación tengan las mismas oportunidades que los tubirones hambrientos que salen de las universidades de hoy en día”, -dice con orgullo Don Inútil. Don Inútil llega antes a la empresa que Don Menganito y se va el último. Productivamente no aporta nada pero sabe estar en el sitio adecuado en el momento adecuado y le dedica todas las horas del día. Se codea con la élite y como el Jefe sabe que no tiene ni idea de casi nada, carga con más trabajo a Menganito, quien está bien donde está, saca adecuadamente la faena y es muy productivo.

Poco después llega la primera oportunidad. Alguien se prejubila y queda un puesto de directivo intermedio vacante. Don Menganito está convencido de que el puesto será suyo, ha demostrado sobradamente que sabe llevar la gestión, ha aprendido de todo así que ya tiene experiencia y por fin su esfuerzo va a ser recompensado. Pero poco después se anuncia que Don Inútil ocupará ese despacho, que allí vegetará las doce horas diarias de dedicación exclusiva a la empresa y sin cometer un solo error, sólo levantará su pesado culo de su poltrona para asistir a las innumerables reuniones superurgentes que se celebran cada quince minutos. Con este ascenso, el Jefe quiere demostrar que en Güiardechampionsmaifren, S.A se dan las mismas oportunidades a todo el mundo. Viva la democracia.

Don Menganito se siente defraudado, incapaz de conseguir un puesto que estaba hecho a su medida. Está deprimido y harto; su carga de faena aumenta con Don Inútil porque como no sabe hacer nada le toca a él echar el resto, pero a la hora de ponerse medallas todas van a parar a la misma pechera. Su faena queda escondida detrás de esa expresión que tanto le gusta a Don Inútil: ese gran grupo humano que forman. Cuando Don Menganito se equivoca, estresado por la gran carga de trabajo, el grupo humano se reduce sólo a él. Don Menganito la ha cagado. Menos mal que está Don Inútil para contarlo.

Un día Don Menganito, asqueado y deprimido, decide recoger los bártulos y probar suerte en otras empresas, pero cae repetidamente en el mismo error. El mundo está plagado de Don Inútiles que se aprovechan de él para trepar. Así que unos años después, en su enésimo trabajo, cuando su futuro Jefe le pregunta que qué sabe hacer, simplemente dice:

- Me llamo Don Inútil, con eso lo digo todo.

Technorati Tags: | | | | |

Otros artículos similares: Mi Ley nº 4: sobre el supermercado | Cómo cambia el cuento | Cómo perder 5 kilos y no morir (de hambre) en el intento | ¿Se te han acabado las vacaciones?



Síndrome de abstinencia

15 10 2008

Han pasado 10 días desde que comencé mi vida descafeinada y casi podría decir que la prueba ha sido superada. De todas maneras, todavía me quedan 20 días por delante para cumplir el reto que me planteé inicialmente pero creo que lo peor ya lo he pasado y, después de buscar bastante información al respecto, creo que todo lo que he pasado estos días ha sido un síndrome de abstinencia en toda regla.

Hoy ha sido la primera mañana que todo ha vuelto totalmente a la normalidad: me he despertado (sin necesidad de despertador) a las cinco y cuarto y me he puesto a escribir (para los que tienen tantas dudas sobre a qué hora me acuesto ayer me acosté pasadas las once de la noche). La semana pasada me levantaba sobre las seis de la mañana y totalmente obligada, con un dolor de cabeza insoportable y una desgana desesperante. Agradezco vuestro apoyo y no os animo a que dejéis el café si con ello os sentís bien. Yo, de momento, no veo que haya ganado demasiado con ello, excepto unos dolores de cabeza históricos y un malestar general irritante los primeros 7-8 días.

En cuanto a lo de desmicrosoftarme, tengo casi vendido mi portátil y para Reyes espero haberme sacado con pequeñas chapucillas la pasta que necesito para comprarme un MacBook. Pensaba que Apple aprovecharía la crisis para bajar el precio de sus portátiles pero al Sr. Jobs la crisis le importa tres pares de narices así que esperaré a ver qué pasa con el variable mercado de los laptops para tomar una decisión a finales de año.

Aparte de estos dos retos, estoy pensando seriamente en darle un giro al blog (tanto en diseño como en contenido) pero es bastante más a medio y largo plazo así que ya iré reflejándolo. De momento, esta tarde he quedado para asistir a mi primera TwittParty y el mes que viene iré al Congreso de Webmasters de Madrid (a ver qué aprendo).

Que mi vida puede ser descafeinada pero no aburrida.

Technorati Tags: | |

Otros artículos similares: Vida descafeinada | Metamorfosis de un sueño | Cómo perder 5 kilos y no morir (de hambre) en el intento | Madonna, Londres y Victoria Beckham (parte I)






Blog alojado en dinahosting creado por PilixForever | lavidaesasin.net 2008