Café con leche en vaso y con la leche natural
19 04 2007Está antropológica y sociológicamente demostrado que el ser humano es un ser social, o al menos eso es lo básico que yo he aprendido en mi largo deambular académico; lo que está por demostrar es si el ser humano es un ser sociable.
Que somos sociales está claro, solo hay que ver las ciudades: vayas donde vayas solo hay gente por todas partes. Quitando las iglesias, que cada vez están más vacías –y no me extraña- pero ese es otro tema; raro es pasear por una ciudad y no toparte con una docena de colas. En la panadería, en el quiosco, en la cola del paro… somos así de sociales: nos gusta estar a todos a la vez en el mismo sitio. Y este sentimiento “social” aumenta geométricamente en los meses de verano, en tal caso las colas adquieren dimensiones desproporcionadas.
La cuestión es que ser social y ser sociable no es lo mismo, se parecen etimológicamente pero no tienen nada que ver. Y aquí radica el problema básico de la convivencia. Como siempre, la sabiduría popular se adelanta a la ciencia y por algo existe el refrán “Juntos pero no revueltos”. O sea, nos gusta estar en el mismo sitio pero cada uno a lo suyo.
Por ejemplo, no tengo que ir más lejos, esta misma mañana: voy a tomar un café para desayunar a un bar cualquiera. Se supone que el camarero es un ser social y debería ser sociable porque ¡para eso tiene un bar! Si no es sociable que se dedique al arbitraje… Total, entro, doy los buenos días y pido un café con leche en vaso y con la leche natural, por favor. A los pocos segundos tengo un café con leche en taza y con la leche recién sacada de los fogones del infierno… ¿Qué diablos les pasa a los camareros de este país? ¿Tienen un filtro anti-todo-lo-que-va-después-de-café-con-leche? No. Simplemente van a lo suyo, son sociales pero no son sociables.
No obstante, todavía quedan casos peores: los que no somos ni sociales ni sociables. O lo somos a media jornada, para no marginarnos. No eres social si te cuesta entrar a esos lugares donde hay que hacer cola para todo o si no hay que hacer cola hay que estar apiñados como sardinillas en escabeche esperando a que pase algo. No eres sociable si te haces la dormida en el tren de las 7:15 para que no te taladre tu cerebro aún amodorrado la compañera supercotorra supersociable de la muerte. Hay que reconocerlo, a veces no ser sociable tiene sus ventajillas.
En fin, la próxima vez que vaya a desayunar a un bar le pienso decir al camarero: ponme un café con leche como te salga de los huevos. Al fin y al cabo es lo que hacéis siempre.
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Creo que cada vez somos más sociales porque efectivamente, cada vez vivimos más apiñados y sin embargo cada vez más insociables. Nos molesta enormemente la gente que nos rodea y además se nos nota. En autobuses, tiendas, metro, calle, hay cierta crispación de ver tanta gente pero luego, somos incapaces de coger nuestra maleta y hala, al campo!!!
Muy interesante lo que escribes…
Ser sociables exige aceptar las “cosillas” de los demás, lo cual tiene su esfuerzo. Pero vivir en una cueva tiene pinta de ser incómodo y frio, con lo que parece que no queda más remedio que intentar ese esfuerzo.
Es como hacer un régimen, si quieres estar delgado tienes que dejar de comer, no hay otra posibilidad.
Interesante.
¡Aaaah! Osea, que no sólo me pasa a mí. Voy pillándolo. Lo que pasa es que tampoco soy social. Me refiero que no me importaría irme al campo con la maleta, como dicen por ahí. No me importa hablar con la gente. De hecho, cuando lo hago no me molestan. Pero cuando estoy solo…
Besotes.
El camarero hará lo que le da la puta gana, pero es que hay algunos peores.
El autobusero está en el autobús, pasó la parada 10 metros atrás, y yo había llegado tarde. El semáforo en rojo. Y no me abre la puerta… me entraron ganas de ponerme enfrente hasta que me la abriese.
Camareros sociables?.. bastante deben tener con aguantar a según que clientes
Mi caracter antisocial y la necesidad de vivir en sociedad lejos de volverme cínico me ha convertido en un ser dual que tiene lo mejor de ambos mundos. Por una parte la indiferencia por los demás cuando estoy sólo y por otra parte la falsa amabilidad que otorgo a la gente que me rodea en el trabajo, calle etc.
Realmente creo ser más feliz aislado, con pocos amigos pero buenos.