¡Qué grandes personas son los muertos!
30 04 2007Me da miedo la muerte. Sobre todo me crea mucha angustia el tipo de muerte y la pérdida de las personas a las que quiero. De hecho, casi dirÃa que me da más miedo hacerme vieja que morirme. Lo que quiero decir es que la muerte me impone un gran respeto y no me gustarÃa que nadie pensara que trivializo sobre el tema, no es esa mi intención pero hay algo que me sorprende de nuestro bendito paÃs con respecto a un tipo de muerte en especial: la muerte de los famosos.
Contando con la obviedad que los famosos también tienen sus familias, que sufren como todo hijo de vecino cuando pierden a un ser querido, me sorprende la reacción del pueblo llano cuando se muere un famoso. Quizás la lejanÃa que supone verlos subidos en infinitas limusinas, luciendo trapitos que valen más que todo nuestro sueldo anual junto o tomando el sol en sus yates de postÃn, se diluye en el momento en que comprobamos que ellos también se mueren, que las Parcas no les perdonan por muchas cifras que acumulen en su declaración patrimonial y que no hay nada más democrático que la muerte. Lo cierto es que prefiero pensar que es eso y no simple morbosidad baturra, permÃtanme la ingenuidad…
Lo cierto es que aquel fenómeno social que supuso Los ricos también lloran derivó en estas cosas: aprendimos acaso que los ricos no solo también lloran sino que también se mueren. No sé qué pasaba antes pero desde que yo pienso en estas cosas de la vida y de la muerte, me sorprende ver lo que suele ocurrir en nuestro paÃs cuando se muere un famoso. Por muy canalla, ruin, hijo de su gran madre y demás que sea un famoso, no hay nada como morirse para que pase a merecer el cielo, la gloria y, si mi apuran, la beatificación. De hecho, dirÃa que lo mejor que le puede pasar a Julián Muñoz es morirse. PasarÃa de ser un delincuente y un corrupto a ser un tÃo muy majo, campechano, amigo de sus amigos y cosas asÃ. Que conste que no le deseo mal a nadie pero es solo un ejemplo para ilustrar la metamorfosis que sufrimos los españolitos cuando se trata de la muerte de un famoso.
No nos engañemos: somos asÃn. Las piedras que reciben los famosos en vida se convierten en flores el dÃa en que se mueren; es obvio que no está bonito rajar contra un cadáver aún caliente pero siempre existe la opción de permanecer callados, digo yo. Pero no, a la que aparece un periodista con su alcachofa y la misma pregunta: -¿Qué opina usted de la muerte de fulano? Siempre aparece el espontáneo de turno que suelta: -Un disgusto, una lástima, mire usted, parecÃa tan gran persona…
En fin, que como decÃan los hermanos Summers: To er mundo e güeno, (y si te mueres: más).
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Pues sÃ, es curioso que nunca se muera ningún cabrón… Todo el mundo cuando se muere se convierte de forma automática en una persona encantadora, amigo de sus amigos, buen padre, gran marido y toda esa retaila de chorradas que provoca uno de los mayores males de nuestros dÃas: la hipocresÃa. Nadie hablar de ponerse a bailar sobre la tumba de un muerto, pero hay que tener menos hipocresÃa…
HipocresÃa. Normal, ¿a cuántos no les gustan las monedas? ¿Al 1% de la población?
Creo que incluso a mà me gustan en ciertos casos.
Y no me refiero al dinero.
Recuerdo solo a un personaje que únicamente oà comentarios normales (no se ensalzaban comentarios positivos) o malos cuando se murió: Jesús Gil (Jesús Gregorio Gil y Gil).
Aunque si bien es cierto que la hipocresÃa está a la orden del dÃa en esos momentos, a las personas se les conoce por la suma de sus actos. Pero hay que tener en cuenta que todas las personas, por muy malas que hayan sido en vida, han tenido su momento bueno (han amado, han sido amables, divertidos, amigos, sentimentales…) No sé quien lo decÃa, pero ningún hombre “malo” lo puede ser el 100% de su tiempo. Por supuesto que no voy a disculpar a esa gente que lo único que ha pensado es en su bien propio y en la desgracia de los demás.
Esto me recuerda unos versos de Pessoa que escribo salteados:
Si te quieres matas, ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha!, que yo, que tanto amo a la muerte y a la vida
si me atreviese matarme, también me matarÃ
(…)
Nadie hace falta; no le haces falta a nadie…
Sin ti marchará todo sin ti.
(…)
¿La pena de los demás?… ¿tienes remordimientos anticipados de que te lloren?
TranquilÃzate: pocos te llorarán…
el impulso vital apaga las lágrimas poco a poco,
cuando no son por cosas nuestras,
(…)
Después lentamente te olvidan.
Sólo eres recordado en dos fechas, a tÃtulo de aniversario:
cuando hace años que naciste, cuando hace años que has muerto.
Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Dos veces al año piensan en ti.
Dos veces al año suspiran por ti los que te habÃan amado,
y alguna vez que otra suspiran, si por casualidad se habla de ti.
P.D: He abierto un nuevo blog dedicado a la literatura, para entrar pinchar en mi nombre o entrad en http://18defebrero.wordpress.com