La fauna del corazón
21 05 2007A menudo tengo que darme un punto en la boca cuando alguien comenta que la prensa rosa es la escoria del periodismo. Y tengo que reprimirme porque aunque pienso algo parecido, estadísticamente pocos quedaríamos fuera de la quema en caso de que hubiera una hipotética hoguera para quemar a los “pecadores”… y es que, en el fondo, muchos llevamos dentro una porteraza. Yo no veo nada de malo en ello, simplemente encuentro absurdo que todos digamos que vemos los documentales de la 2 pero diariamente el programa más visto de nuestra bendita televisión es el Tomate (y este es un dato empírico que os invito a comprobar en formulatv.com, por ejemplo).
No digo que nuestra vida gire en torno a Tomates Podridos y Salsas Amarillas pero a menudo cuesta reconocer que todos (o casi todos) llevamos una cotilla dentro (ahora viene cuando tú dices: -Pues yo no.). ¿Qué tú no? Ya: tú eres de esos que ven los documentales de la 2, ¿a que sí? Por supuesto…
Un dato “inocente”: hasta que se instauró el actual método para medir la audiencia (audímetros), los cálculos se hacían mediante encuestas. Entonces el programa líder de la televisión era Informe Semanal; después Informe Semanal no estaba ni entre los 10 programas más vistos.
Dejando este inciso a un lado, lo que a mí me mosquea es la calidad de los pseudoprogramas autoetiquetados “del corazón”. Hemos llegado a tal esperpento y degeneración del concepto de famoso que ya protagonizan esos presuntos programas personajillos cuya notoriedad consiste en ser el primo de la ex del sobrino del chófer de la hija de una folclórica casada con el cuñado de un torero. Vamos, que la franquicia del famoso da de comer a muchos y llega un momento en que se confunde a la celebridad con el parásito que vive de ella.
Hace un tiempo, viendo un programa de esos que no ve nadie donde entrevistaban a una famosa, de esas que trabajan para ganarse el pan y cuya vida es lo suficientemente interesante como para no tener que hablar de miserias ajenas… pues, en fin, viendo esa entrevista acabé de entender por qué muchos periodistas del corazón son considerados la escoria del periodismo. El personaje invitado desmentía un rumor, no recuerdo quién era ni qué desmentía porque lo que recuerdo y lo que me dejó perpleja fue la esperpéntica escena:
Pseudoperiodista nº 1: ¿Es cierto que menganito hizo tal cosa aquel día?
Entrevistada: No, no es cierto. Yo estaba allí y no fue así.
Pseudoperiodista nº 2: Pues a mí consta que es cierto.
Entrevistada: Fue de tal manera y te lo digo yo, que estaba allí.
Pseudoperiodista nº 3: Ya, ya… tú estarías allí pero a mí me lo han contado.
¡Toma ya! ¡Eso son buenas fuentes y no la de Canaletas!
En fin… que bien pensado no hay tanta diferencia entre la fauna de los documentales de la 2 y la fauna de los programas del corazón. ¿Será por eso que los confundimos?
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Bien se sabe que las desgracias ajenas siempre han sido de interés general. No estamos descubriendo la sopa de ajo. Además, el tomate es más interesante que un documental de la 2 porque no es necesario pensar. Te lo dan todo mascado.
Otra prueba la tienes cuando hay un accidente, por ejemplo, en la autopista. ¿Por qué se para la gente tanto en los carriles afectados como en los que no? Simplemente por morbo. Y la historia está plagada de desgracias que se han superado o no. Los libros son una muestra de ello. Y sino, ¿te leerías un libro en que no pasa nada diferente de lo que te pasa a ti en el día a día?
Una cosa es reconocer la portera que llevamos dentro (soy incapaz de oír una sirena en la calle sin asomarme, por ejemplo) y otra muy distinta aficionarse a que te cuenten la vida (pecaminosa), obra (generalmente ilegal, chanchullera y especuladora) y milagros (sexuales y/o económicos) de las folclóricas, sus hijos, las novias de los hijos, los ex de las novias, las primas de la portera de la folclórica, etc etc,… Igual que no me intereso por la vida privada de mis conocidos, no quiero que vengan a escupirme a la cara la de desconocidos.
Por lo menos este supuesto periodismo sirve para que Ángel Martín haga escarnio de ellos, que ya es más de lo que valen muchos de sus habituales.
Sí, un poco de porteras llevamos dentro pero para todo hay límites en esta vida y esos señores llamados a sí mismos periodistas se pasan tres pueblos.
Lo cierto es que no veo los documentales de la 2 y lo cierto es que tampoco veo el Tomate. Veo la tele muy poco, cada vez menos y es que si no estoy trabajando estoy con internet, leyendo, hablando por teléfono, haciendo vida social, comprando u otras cosas más interesantes que no mencionaré aquí.
Es cierto que somos un poco cotillas, aunque hay grados. Yo prefiero pensar que soy curiosa. Y si en el fondo soy cotilla, lo soy con la gente que conozco. Porque la verdad, lo que haga el sobrino del primo de la amante del marido de la tonadillera, es que me trae al pairo. Y me parece que la gente lo que tiene es mucho tiempo libre. ¡Que se dediquen a hacer algo útil!
Por partes:
Lynze:lo del no pensar lo veo claro pero lo del morbo, no sé, me cuesta entenderlo: ¿qué morbo tiene la vida de un mindundi que tiene como mérito más destacado ser el hijode? Nosep… yo no lo acabo de entender.
Deye:¿Quién es Ángel Martín?
La interrogación:se autonominan periodistas para intentar darle seriedad al esperpento del que se jactan, critican y, a la vez, se lucran.
Virkika:estoy contigo: yo también veo poco la tele pero es que lo peor de esto es que los temas rosas incluso abren los telediarios, las radios e incluso son tema de las tertulias sesudas y serias. Vamos, que si no vives en una burbuja lo normal es que acabes sabiendo si la Panto y el Pichuli ese han roto o se han enamorado otra vez. Si no es en la tele, es en la calle y sino en el curro… No hay manera de estar desinformado en este bendito país!!!
Gracias a todos por aguantar semejante peñazo de post y, encima, dejar comentarios tan interesantes.
Esto del tomate es como las páginas porno, que no se habla mucho pero suponen el 45% de internet (algo así me suena que dijeron ayer por la radio).
Reconocer los pecados propios en público es poco habitual y además a mi me parece una tontería: solo sirve para que los demás te pongan a caldo por ver lo que ellos tambien ven.
Pilix, tu post no es un coñazo.
Si me dan a elegir entre una película bélica y violenta, un documental de los bichos que pueden existir, lo cual no lo dudo, a 20.000km bajo el mar y un programa de 15 personas tiraos en una isla o insultándose en una casa, no tengo duda, prefiero el tomate, la salsa rosa o no sé cómo se llama ese otro programa de los sábados por la noche pero ese ese.
Iba a escribirte un comentario sobre el tema pero me ha tocado tanto los cojones que cuando me he dado cuenta ya llevaba una página entera. Para no dar el coñazo, me lo guardo y cuando lo acabe lo publicare en mi blog con una dedicatoria para ti por despertar mi odio dormido, que no muerto, hacia toda esta mierda y gentuza que vive del dolor y las miseria humanas.
Salu2.
Hola Pili!
Vaya cambio de blog… me gusta este nuevo aire!
Desde que escuché hace no mucho a una madre decir que les ponía los programas de marujeo a los crios durante la merienda (y los crios encantados), los televisores para mi se convirtieron definitivamente en meros displays para consolas…
Hace años, en la prensa rosa, a parte de algunos famosos importantes que iban desde científicos a multimillonarios y actores, sólo se contaban historias y reportajes de casas reales de cómo vivían, etc. Como mucho existían un par de revistillas o algo así donde también se daban consejos de salud y de cómo ser la perfecta ama de casa (manda huevos). Vamos, lo ideal para que las mujeres del peblo llano soñasen con una vida en palacio. Ahora… ahora me gustaría pensar que ese tipo de “periodismo” ha prosperado por costumbrismo social y que sólo se ve, por lo mismo que se escucha Bisbal, porque te inundan constantemente con él.