El efecto Moussanbani
19 04 2008No sé si os acordaréis de aquel nadador guineano que participó en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, se llamaba Éric Moussanbani y despertó la simpatía de medio mundo a raíz de su lamentable actuación en las primeras eliminatorias de los 100 metros libres. No sólo quedó el último sino que tardó el doble de tiempo que el primero empleando un estilo digamos “poco ortodoxo” (estilo pato mareado, concretamente). La cuestión es que aquel ridículo originó una corriente de simpatía global sin precedentes en torno a aquel antihéroe, eclipsando incluso al mismísimo ganador de la prueba.
La verdad es que yo también siento especial simpatía por los antihéroes, los héroes me suelen caer mal. Prefiero Don Quijote a Superman, y siento especial simpatía por Lázaro de Tormes, el Lute y esa innumerable lista de seres que convierten la rutina diaria en una heroicidad, sin poderes mágicos ni dones extraordinarios. Quizás porque es lo que puedo aspirar a ser. Nunca podré salvar al mundo de un ataque nuclear, ni podré volar a las antípodas para salvar el gatito de un niño que se ha quedado bloqueado en un árbol. Como mucho, puedo seguir tirando, luchar contra mis fantasmas y soñar, quizás, con un mundo mejor. No es una gran heroicidad pero en ello empleo mis limitados esfuerzos, que no es poco.
Además, ¿no te has sentido un poco Moussanbani alguna vez? No se puede hablar de esto sin entrar en comparaciones pero yo me he sentido así muchísimas veces. Por ejemplo, me acuerdo de aquel curso de sexto de EGB: cada alumno tenía que llevar un artilugio hecho en madera, al final del trimestre se expondrían los trabajos de aquella asignatura odiosa que era Artes Plásticas.
Y llegó el día. En la cola del colegio ya se mascaba la tragedia: yo guardaba mi artilugio en una bolsa de basura color negro mientras los demás mostraban con orgullo sus norias de agua, cajas de luces y robots de madera con olor a barniz. En clase la tragedia alcanzó dimensiones que nunca olvidaré: la profesora fue examinando uno a uno nuestros artilugios, aportando un comentario (halagador en la mayoría de los casos). No recuerdo qué dijo al llegar a mi polea de madera, yo sólo la miraba, con sus ruedas tan imperfectas, aquella cuerda hecha de lana y unos ejes sacados de no sé dónde. Era una ruina pero lo había creado con mis manos de niña, no las manos de un padre que nunca he tenido ni he necesitado tener excepto aquel día. No tenía más recursos en casa, se me rompió el hilo de serrar de aquella sierra en forma de arco y no había dinero para más, así que tuve que acabar de perfilar las ruedas con el cuchillo con más sierra que encontré en el cajón de la cocina. La verdad es que era la peor polea de la historia pero era mi polea, la había hecho yo con mis torpes manos de niña. Fui el hazmerreír, fui el Mussanbani de turno y no lo olvidaré jamás pero aprendí mucho de aquello. O eso creo…
En la vida algunas veces nos toca subir al podio y otras nos toca ser el rezagado pero hay una gran dosis de heroicidad en el simple hecho de ser uno mismo.
[ Puedes suscribirte a LVEA desde aquí y ahora ]

















A medida que van pasando los años vamos aprendiendo que nos han engañado: el podium es muy poco importante.
Feliz fin de semana
jajaja, es verdad que cuando somos pequeños sentimos ese deseo de ser diferentes a los demás, y cuando más adultos nos hacemos creo que se vuelve más latente. Me acuerdo que cuando era peque me tuve que hacer unas pruebas para saber que grupo sanguineo tenía. Yo deseaba con todas mis fuerzas que saliera liquido verde y me dijeran que era alienígena o algo parecido, que no fuera de este mundo,… pero oh cruel realidad soy A+ como la mayoría de gente
Saluditos,
Yo viví algo parecido con “el puente sobre el rio Kwai”. Una tarde nos llevaron a ver esa peli a la sala de audiovisuales. Con mi afición al silbido, ya puedes adivinar que melodía reproducí durante toda la tarde, pero al día siguiente…. TRAMPA. En la clase de plástica, casualmente la de la misma profe que nos puso la peli, nuevo trabajo para hacer. Una maqueta con palillos del dichoso puente. Acabé de palillos y de cola blanca hasta los mismisimos. Para la verbena tuvo un final digno de esa pelicula.
Claro que me acuerdo de Moussanbani, como que vi esa carrera en directo…
Y siempre me despertó sensaciones contradictorias. Por un lado, estoy plenamente de acuerdo con lo que dices (me encanta cómo lo has plasmado en una sola frase: “En la vida algunas veces nos toca subir al podio y otras nos toca ser el rezagado pero hay una gran dosis de heroicidad en el simple hecho de ser uno mismo”), y es una máxima que todos debiéramos aplicar en nuestras vidas.
Pero, por otro lado, reconozco que el patetismo de la imagen me disgustó bastante. Siempre he visto los Juegos Olímpicos como un símbolo de fraternidad, implicación y superación, y nunca acabé de entender porqué ese ¿atleta? pudo llegar tan lejos. No era nadador, estaba allí por cumplir una cuota concedida a su país, y eso, con el efecto dominó que tiene siempre la vida, motivo que un nadador de verdad, uno que estuvo años preparándose para llegar a los Juegos, no pudo cumplir su sueño. Y eso me dolió, lo admito.
Lo dicho, que tengo sensaciones encontradas sobre este asunto…
Yo me despierto muchas noches de madrugada angustiado por los problemas y el futuro, sin encontrar respuestas a todas mis dudas. Te comprendo más de lo que te puedas imaginar.
Yo fui durante dos cursos el único castellano parlante en un colegio de pijos catalanes, los cuales aprovechaban cualquier ocasión y situación para segregarme y reírse de mi hasta que se me hincharon las pelotas y empecé a romper cara. Y si, no volvieron a reírse de mi, no tenían cojones. Juas.
Besos.
Yo siempre he sido el Moussanbani, por lo menos en gimnasia. Me esforzaba todo lo que podía, pero no daba más de mí… Así que, para compensar, sacaba más excelentes que nadie en las notas del resto de asignaturas.
Lo que siempre he hecho, desde pequeña, es ser yo misma. Y que me quiten “lo bailao”.
pues a mi me encantó lo del tipo éste. me lo imagino pensando: “sí, bueno, ya sé que se va a descojonar de mi todo el personal, pero, qué carallo, yo me voy a Sidney por la patilla, conozco chatis, veo mundo, y si hay que nadar, pues nado, hombre. como dice mi madre, quien hace todo lo que puede no está obligado a hacer más. y que se rían si quieren”.
ole sus huev(azos).
y de lo de ser moussambani… qué te voy a contar. yo todavía no sé lo que es pisar el podio. y vivo muy tranquila, oyes.
(por cierto: mu buena la anécdota de la clase de plástica. a mi también me tocaba los huevos que esas cosillas, a mis compañeros, se las hicieran sus mamás -la mía se negaba, con muy buen criterio-. y el imbécil del profe les ponía sobresalientes… anda que no se notaba que no lo habían hecho los críos… en fins).
El efecto Moussanbani es algo que aprendí desde niña. En el cole nunca conocí el podium ni destacaba especialmente en nada más que ser de las más bajitas, bastante callada y un tanto friky. Nunca fui líder de conversaciones, nunca impuse modas en clase, no molaba mazo ni tampoco tiranicé a nadie. Sin embargo tuve un par de compañeras que me zurraban de vez en cuando y nunca me chivé (aunque cuando una de ellas me metió un tajonazo en el pelo mi madre se acabó enterando).
Supongo que todo es cuestión de la educación que hayas recibido desde niño. Ese tipo de cosas que forman una base en tu personalidad y que no las mueve ni dios. A mí me enseñaron a ser humilde, a tener respeto por los demás y a intentar comprender al otro.
Otro logro de mis padres: soy una española rara porque soy más puntual que muchos belgas
Yo era Moussambani cada vez que saltaba el potro= Nunca.
Todos nos sentimos asi alguna vez, ademas toca mas veces comerse marrones que medallas, las medallas te las suele quitar el guapo o el listo de turno que no inteligente, para mi tiene mas merito haber asistido aquel dia a clase aunque supieras de ante mano lo que iba a pasar, igual que moussanbani se tiro a la piscina sabiendo que lo mas que sabia era apartar el agua para avanzar pero le hecho narices y alli que aguanto hasta que llego a la meta el ultimo pero llego de hecho nadie recuerda quien gano aquella serie mas que los cuatro cultos pero todo el mundo recuerda al guineano que parecia que se ahogaria antes de llegar al final