Hace unos días tomé dos decisiones muy importantes: descafeinarme y desmicrosoftarme. Lo segundo conlleva más tiempo (y dinero). Lo primero es totalmente gratis y empecé el lunes con la intención de explicarlo aquí pero hasta ahora, viernes a las 5:57 de la mañana, no he estado lo suficientemente sana para contarlo.
Yo era de esas personas que dicen: “sin mi primer café no soy persona” y aunque llevo cinco días de abstinencia la verdad es que daría mi reino por una taza de café con leche, con su amargura, su cremita y su aroma intenso. Sin embargo miro y veo un triste tazón de leche con Nesquick (es la primera mañana que bebo leche, el resto he tomado infusiones o nada porque estaba malísima). Pero os cuento.
Tal y como os he dicho, el lunes fue mi primer día sin café después de prometerme la semana pasada que sería la última tomando café. Quizás os preguntéis a qué viene esto, bueno, como no fumo ni bebo y lo más parecido a una adicción es lo del café, he querido comprobar en mis carnes lo que pasa cuando tienes que dejarlo. Y la verdad es que no debe de ser muy bueno cuando me he sentido como me he sentido. Quizás haya sido un cúmulo de circunstancias pero ya es casualidad que desde la misma mañana que no tomo mi primer café, como hasta ahora en los últimos veinte años, me haya encontrado como un andrajo.
La primera mañana sin café (el lunes) llegué a la oficina y a medida que iban pasando las horas empezaba a sentir mi cabeza como embotada y no había narices a concentrarme en lo que hacía. Luego el embotamiento pasó a una jaqueca de las históricas y después de comer no sé cómo ni por qué volví al trabajo. Resistí hasta las cinco y nada más llegar a casa me acosté. No di señales de vida hasta las siete de la mañana del día siguiente, martes.
El martes el dolor de cabeza insistía pero ya lo había conseguido mitigar a fuerza de paracetamol, entonces la cosa se bajó hacia abajo, justo en el vientre. Unos retortijones en las tripas que me doblaban pero desde luego era más llevable que el dolor espantoso de cabeza del día anterior. El martes por la noche había quedado con mis amigas, como cada mes, y cuando volví a casa, pasadas las once, tenía la barriga como para parir quintillizos.
Y así amanecí el miércoles, con la barriga hinchada y el dolor de cabeza todavía latente. Seguí automedicándome convencida de que si el miércoles por la tarde la cosa no iba a menos iría al médico. Pero al final fue menguando y el jueves me levanté siendo casi persona. Con la cabeza y la barriga como siempre y casi ganas de hacer algo.
Hoy viernes me he levantado a las cinco, recuperado mis hábitos y sigo sin probar el café. El reto consiste en aguantar 30 días y ver qué pasa. Si supero el reto ya veremos qué hago después, depende de las sensaciones… de momento he vuelto a ser persona y no me ha hecho falta el primer café de la mañana.
¿Y tú, llevas tu vida con o descafeinadamente?

Mis tweets

Desde que “mi costilla” cambió de trabajo en una compañía cafetera mi vida a cambiado, porque ahora gozamos de una estupenda máquina que muele el café y le da una cremita que ni los bares, oigan! Osease que aún soy más adicto si cabe, y de la melita, minimoka y cafetera tradicional enterradas en el fondo de un armario.
Saluditos,
La verdad es que nunca he sido cafetero, incluso detestaba el olor del café cuando era crío… Así que no te puedo decir qué se siente, pero sí que me contaron dos amigas cafeinómanas que es imposible dejarlo de golpe… ¿Imposible? Seguramente sea más improbable, pero el malestar que vi en sus primeros días sin cafeína ya me has confirmado que era real…
Pero chiquilla, ¿qué tipo de café tomas tú? ¿Ese que te hace ver que de dragones y que de dragones?
Menuda droga, la cafeína. Como ya te he dicho, nunca me ha gustado el café. Y tampoco soy muy adicta a las colas. Lo que sí me produce adicción es el chocolate, y la verdad es que no podría vivir sin él. Así que no me planteo una desintoxicación.
Lo de desmicrosoftarme también lo veo difícil… más que nada por el tema del vil metal.
Ya nos contarás cómo va.
vivir sin vicios es un rollo. al menos es lo que me digo cuando pienso en dejar de fumar, que es el unico que tengo. lo que tuve que hacer fue desenlactarme, porque con 16 años me diagnosticaron intolerancia a la lactosa. y qué rollo vivir sin esos bocatas de chorizo- queso o lomo-queso. y sin cenar pizzas y sin desayunar un buen tazon de cola cao…. mmmm qué recuerdos. es duro dejar los hábitos. así que ánimo
Yo es que tengo la suerte de que no me guste el café,jeje, así que no me cuesta nada …
Intento no tomar café. Me sienta fatal.
Si paso dos días seguidos con café, hasta tengo taquicardias.
Eso sí… yo no puedo plantearme dejar el tabaco. Al menos, de momento…
cachislamar, qué trago…
cuando me diagnosticaron bombo me dijeron lo de “nada de café”, pero yo entendí “nada de tofu”. un error como otro cualquiera. no he comido tofu en todo el embarazo ¿eh?, que conste. y café, pues… sólo el de la mañana, una gotita muy pequeña en una taza con mucha leche… que sí, doctor, una gotinitita chiquitiiiiita, de verdá…
(ánimo… pero me da que es impósibol)
[...] pasado 10 días desde que comencé mi vida descafeinada y casi podría decir que la prueba ha sido superada. De todas maneras, todavía me quedan 20 días [...]
A mi me da igual si tomo café o no, pero te deseo animo y mucha fuerza.
Besos.
[...] una racha de toma de decisiones que por fin está acabando. Empecé dejando la cafeína, el sábado pasado perpetré finalmente mi separación definitiva de Microsoft (estoy escribiendo [...]
Hola, pues yo resulta que tengo la cabeza como embotada y empece hara dos años a tomar cafe porque de alguna manera me despejaba y agilizaba la mente, el problema es que como la cafeina crea adiccion pues al principio con un cafe diario era mas que suficiente pero pasados los meses tomaba tres diarios y claro el cuerpo se acostumbra a todo asi que ahora la cafeina no me hace nada y yo sigo con mis mareos y mis cosa, una putada si. besos y animo en un desintoxicacion