Llevo una racha de toma de decisiones que por fin está acabando. Empecé dejando la cafeÃna, el sábado pasado perpetré finalmente mi separación definitiva de Microsoft (estoy escribiendo este post con un flamante MacBook del que estoy totalmente enamorada) y ayer acabamos con un sueño que empezaba a convertirse en pesadilla.
Hace un año aproximadamente, cuando la crisis era sólo una amenaza fantasma, nos embarcamos en la ilusionante aventura de cambiarnos de vivienda. Actualmente vivimos tres personas en una casa antigua de sólo dos habitaciones más un pequeño estudio (que no da ni para poner una cama). Aquà vivimos mi marido y yo con mi abuela, de 82 años, y el Bitxo (un yorkshire adorable).
Somos jóvenes y la intimidad que nos queda es poca; además la convivencia a menudo es muy difÃcil por lo que poder tener un piso más amplio donde tener nuestro propio espacio era un sueño fascinante, asà que en julio del año pasado nos comprometimos para comprar un dúplex de nueva obra justo en frente de nuestra casa actual.
Aportamos 22.000 euros como entrada más un total de 3.800 euros en gastos de cambios respecto al original (diferente suelo, preinstalación de aire acondicionado y descalcificador de agua, etc). A medida que iban pasado los meses y, en especial, a partir de este verano empezamos a ver que las cuentas hechas concienzudamente hace año y medio se habÃan ido diluyendo por momentos. El valor del piso nuevo no bajaba (72M de las antiguas pesetas, sin IVA ni gastos de hipoteca) pero el de nuestra casa sà (de 45M a 35M y bajando) y el creciente diferencial deberÃa ser cargado a la futura hipoteca a un interés que no paraba de crecer mes a mes.
Cuando nos embarcarmos en la aventura contábamos con la venta consentida del piso de mi abuela pero viendo que su actitud era peor que negativa al respecto dedicimos jugarnos sólo lo nuestro aunque muy en parte el origen del cambio de vivienda habÃa sido ella. La convivencia sigue siendo complicada a menudo pero al menos ahora no tenemos miedo al futuro.
Desde hace un par de semanas venimos hablando del cambio de vivienda y poco a poco hemos ido valorando que lo que, en principio podÃa ser un sueño tenÃa visos de convertirse en la peor de nuestras pesadillas. Recalculadas las cuentas el coste de la posible hipoteca era una temeridad; nuestros números ya no cuadraban asà que con todo nuestro dolor y dando por perdidos los 22.000€ de la entrada fuimos a hablar con el constructor ayer por la tarde para comunicarle nuestra decisión irrevocable: renunciamos a la compra de nuestro piso.
Si existe un constructor honrado en España, cosa que dudaba, hemos ido a dar con él. Se tomó mejor de lo que esperábamos nuestra decisión (y eso que no tiene vendido ni uno de los 11 pisos) y nos dijo que nos devolverÃa el dinero de la entrada en cuanto lo vendiera. Sólo nos dijo que, en caso de que lo vendiera pero tuviera que cambiar algo de lo que nosotros habÃamos cambiado (pusimos platos de ducha en vez de bañeras, no alicatamos algunas paredes del baño ni de la cocina, etc…) lo deducirÃa de nuestro dinero aportado. Nos ofreció alguna otra posibilidad (como un alquiler con derecho a compra, etc)… Entramos a la reunión con 25.800€ perdidos y por lo menos parece que podemos recuperar 22.000 algún dÃa.
Ni duda cabe que la paz que nos embarga hoy no vale ese dinero. Hemos renunciado (me gusta más pensar que aparcado) a un sueño pero también nos hemos librado de una horrible pesadilla. Empiezas aprendiendo a practicar la toma de pequeñas e insignificantes decisiones un buen dÃa y acabas retomando y controlando el resto de tu vida. Y esa sensación no tiene precio…
Todo lo demás: tarjeta Mastercard.
Etiquetas: cambio de vivienda | crisis inmobiliaria | renunciar a un sueño | venta de pisos
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