Tranquilos, Dios os ama

6 05 2008

A veces cuando ocurren dramas como el de Myanmar te preguntas por qué la tragedia siempre ha de cebarse con la miseria. La cifra de muertos (22.500 a estas alturas) es superior a los habitantes que tiene el pueblo donde vivo ¿os imagináis? De un instante para otro desaparecidos del mapa, arrasados por la ira del viento.

Es duro decirlo, pero no tengo ninguna duda de que es así: nadie tomará consciencia de lo que estamos haciendo con nuestro planeta hasta que desgracias como estas azoten algún día (y no creo que tarde en llegar) a algún país de esos que llamamos Primer Mundo. Me jode que sean países sufridores como Myanmar (antigua Birmania) los que paguen los platos rotos de los excesos de Occidente.

El equilibrio de nuestra biosfera es algo casi equiparable a un milagro, la verdad es que cuesta no creer en un ente creador (llámalo demiurgo, energía o Dios, si prefieres) para explicar la existencia de nuestro universo. Sin embargo, me cuesta más creer que personajes como Bush o Rajoy (y su famoso primo) sigan poniendo en duda a los expertos (os recomiendo el documental Una verdad incómoda). No hace mucho escuché unas declaraciones de Bush en relación al cambio climático que venían a decir algo así como (y no exagero, creedme): “la Naturaleza la ha creado Dios y como Dios nos ama nunca utilizará la naturaleza contra los hombres“.

Me pregunto qué pensaran hoy Bush, el primo de Rajoy y la madre que nos parió.

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Sinónimos de trabajar

1 05 2008

Hoy es el día del Trabajo y después de leer este artículo de El País he llegado a una conclusión: en general, en España, confundimos trabajar con estar en el trabajo. Y, como diría Alejandro Sanz, no es lo mismo ser que estar. No es lo mismo.

Vayamos por partes. Mi súperjefe trabaja una media de 15 horas diarias (en la oficina tenemos la teoría de que es biónico pero no os lo puedo asegurar al 100%), pasa medio mes aquí y otro medio en el quinto pino asiático, bregando con la planta que tenemos allí. Siempre está conectado en el Skype, incluso cuando aquí son las cinco de la tarde (que allí son las doce de la noche). A lo mejor eso justifica que nuestra división sea la más rentable de la empresa pero y su vida, ¿para cuándo?

En otro lugar de cuyo nombre no quiero acordarme trabaja Don Don. Entra antes de las ocho de la mañana y se va pasadas las siete casi cada tarde. Se diría que diariamente le regala a la empresa 3 horas extras y el concepto general que la empresa tiene de él es buena: ¡pobre, está siempre allí metido!

Y sin embargo España sigue en el vagón de cola en productividad pese a tener la media de horas semanales más alta de Europa. Vaya, que estamos mucho rato trabajando pero trabajamos poco ¿se me entiende? A finales del año pasado la empresa Iberdrola decidió implantar la jornada intensiva todo el año (después de comprobar que en verano, cuando se solía aplicar, subía la productividad). A día de hoy, además de aumentar la productividad, el absentismo se ha reducido en un 25% ¿se me entiende?

Una buena amiga, cuando tuvo su primer hijo, pidió la reducción de jornada a la empresa y se la concedieron: trabaja una hora menos que antes pero hace la misma faena ¿Quién ha salido ganando? Los dos: ella porque a las 2 está felizmente en casa con su hijo, y la empresa: porque sale la misma faena por menos dinero (le redujeron el sueldo). Sin embargo parece que a las empresas españolas en general les gusta ese perfil de trabajador sacrificado que habita en la oficina, como un florero más. No produce pero hace bulto ¿no?

P.D: os recomiendo que visitéis los dos enlaces. El artículo de El País y la noticia del hombre que se pasó 5 días muerto en la oficina y nadie se dió cuenta.

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Las siete diferencias

5 04 2008

El otro día discutíamos con los padres de unos amigos sobre la dificultad de los jóvenes actuales a la hora de afrontar el pago de la hipoteca. Cada generación defendía lo contrario: nosotros, los treintañeros, decíamos que ahora es todo más complicado; ellos, los casi jubilados, que sus tiempos eran más difíciles:

-Ahora lo queréis todo: viajar, salir los fines de semana, tener el último capricho… Nosotros solo trabajábamos para pagar el piso y ahorrar, haciendo horas extra todos los días sin apenas vida social…

Reconozco que la vida de nuestros padres no fue fácil. Aquella España del franquismo no era nada parecido a un paraíso, es cierto. La mayoría de ellos se vieron obligados a dejar sus raíces para prosperar fuera y eso debe de ser muy duro. Pero ¿y ahora?

1. Para empezar, quienes estudian según qué carreras han de salir fuera para tener las oportunidades que se merecen: en España, la I+D da risa. En aquellos tiempos, personas sin ninguna formación podían emigrar a Alemania, Francia o Bélgica, a buscar empleos no cualificados. Ahora cuesta encontrar un trabajo digno aquí incluso teniendo formación universitaria, másters e idiomas. A veces, incluso con todo esto puedes llegar a cobrar mil euros: ¿os suena lo de la generación de mileuristas? Seguro que ellos no saben ni lo que significa.

2. Mi próxima hipoteca supondrá el 100% de mi sueldo y parte del de mi marido, y así durante 30 años. Antes las madres se quedaban en casa: en el caso del que hablo, éramos dos parejas de jóvenes treintañeros, 3 de 4 de nuestras madres se quedaron en casa a cuidar de los hijos mientras los padres iban a trabajar. En mi caso, mi madre sí trabajaba porque era separada. Por tanto, con un sueldo llegaban más o menos a final de mes. Ahora mi sueldo es imprescindible para pagar la hipoteca. No tengo opción.

3. Es cierto que los jóvenes de hoy viajamos más. Hemos crecido en democracia, queremos conocer algo más que el sol y la playa, no hay fronteras en Europa, viajamos libremente y sabemos idiomas. En los tiempos de nuestros padres, los jóvenes europeos (británicos, nórdicos, etc) eran los que disfrutaban de ese privilegio. Los tiempos han cambiado y viajar forma parte de nuestra cultura: los vuelos de bajo coste nos permiten alguna escapada de vez en cuando pero, aún así, los jóvenes españoles no somos los más viajeros de Europa (en parte por las diferencias en el coste de la vida debido a la desigualdad de sueldos).

4. Mi madre es pensionista, las madres de mis amigos no trabajan (fuera de casa) y sus padres o están jubilados o pensando en la jubilación. De aquí a 30 años no sabemos si nosotros podremos jubilarnos antes de los 65: no paran de sonar campanas sobre el retraso de la edad de jubilación. Dejaremos de pagar la hipoteca poco antes de jubilarnos pero no sabemos cuándo ni quién pagará nuestra pensión.

5. En los tiempos de nuestros padres el fenómeno de la inmigración era algo más bien interno. Los movimientos migratorios se producían entre comunidades (hacia Madrid, Catalunya y País Vasco, principalmente) o hacia Alemania, Francia o Bélgica, principalmente. Ahora, a España llegan diariamente inmigrantes del Norte de África, Este de Europa y Suramérica. Espero que esto no suene xenófobo –no es mi intención, ni muchísimo menos- pero en mi opinión la inmigración descontrolada provoca una precarización de los empleos no cualificados. No echo la culpa a los inmigrantes de ese fenómeno, sino a los empresarios que se aprovechan del momento para aumentar sus capitales a costa de la explotación de los inmigrantes.

6. El franquismo ha sido la época más oscura de nuestra historia reciente: carecían de ciertas libertades básicas… no obstante, muchos padres hablan con nostalgia de los guateques de aquellos tiempos y la seguridad ciudadana de la que disfrutaban. Es cierto que, siempre desde la clandestinidad y jugándose la libertad física, buscaban la información como un tesoro muy preciado. Hoy en día disfrutamos de la democracia pero somos esclavos del pensamiento único, la banalización de la información y de la libertad. Aquellas generaciones que dicen que lucharon por las libertades ahora forman parte del stablishment: son los jefes que nos pagan una miseria, los banqueros a quienes pagamos el yate y el jet privado, los especuladores a quienes compramos los pisos a precios de escándalo o los mandatarios que nos oprimen a fuerza de controlarlo todo.

7. En mi vivienda actual no puedo tener hijos porque no tengo espacio físico donde meterlos: vivo en un piso con dos habitaciones, una para mí y mi marido y la otra para mi abuela, que vive con nosotros. Cuando nos cambiemos de piso, tendremos cuatro habitaciones pero escasas posibilidades de afrontar el gasto que supone un hijo (aparte del riesgo laboral que supone para mí quedarme embarazada al año de entrar en la empresa). En mi familia somos siete hermanos, en la familia de mi marido, tres, y en la de mis amigos, dos por cabeza: sale una media de 3,5 hijos por pareja en la generación de nuestros padres. En nuestra generación yo y mi marido no tenemos hijos y mis amigos tienen uno: sale una media de 0,5.

He hablado de mi caso y hago la comparativa sólo con la generación de mis amigos y mía, y la de nuestros padres pero ¿crees que este caso es aislado o es la media nacional? Me interesa mucho tu punto de vista: espero tus comentarios.

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Un blog mediocre de Pilix Forever