Estoy segura de que al leer la palabra inútil te va a venir alguien a la mente. Todos conocemos a alguien y todos nos hemos sentido inútiles alguna vez. Hasta aquí, todo entra dentro de lo probable y lo meremente anecdótico. La cosa se pone interesante cuando nos topamos con el inútil profesional; el que ejerce, vamos.
Generalmente es alguien que gana bastante más que tú y que ha llegado hasta su poltrona gracias a que o bien es un tonto útil o bien es un inútil listo. A veces cuesta etiquetarlos porque mudan de un estado a otro… continúa leyendo
Cuando tienes dieciocho años no te planteas dilemas existenciales que no vayan más allá de la mera puesta en duda del sentido de la vida. Al menos yo dedicaba mis energías a conocerme y tratar de explicarme el mundo; aunque casi diría que me dedicaba básicamente a petarme granos de la cara, aprobar asignaturas y soñar con qué sería de mí cuando tuviera ya, por los menos, 25 años.
Esa edad suponía la cercanía a la libertad plena, dejar el nido familiar y encontrar un trabajo muy bien remunerado, en alguna redacción próxima al portal de mi nuevo apartamento… continúa leyendo
Muy feliz era el ciempiés
hasta que un sapo una vez
le preguntó: ¿Qué orden al andar siguen tus remos?
Lo cual forzó su mente a tal extremo
que a una zanja, distraído, fue a caer
mientras pensaba cómo hacer para correr.
[Es decir: tanto pensar bloquea]
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Está antropológica y sociológicamente demostrado que el ser humano es un ser social, o al menos eso es lo básico que yo he aprendido en mi largo deambular académico; lo que está por demostrar es si el ser humano es un ser sociable.
Que somos sociales está claro, solo hay que ver las ciudades: vayas donde vayas solo hay gente por todas partes. Quitando las iglesias, que cada vez están más vacías –y no me extraña- pero ese es otro tema; raro es pasear por una ciudad y no toparte con una docena de colas. En la panadería, en… continúa leyendo

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