El inútil… ¿nace o se hace?
24 10 2008Estoy segura de que al leer la palabra inútil te va a venir alguien a la mente. Todos conocemos a alguien y todos nos hemos sentido inútiles alguna vez. Hasta aquÃ, todo entra dentro de lo probable y lo meremente anecdótico. La cosa se pone interesante cuando nos topamos con el inútil profesional; el que ejerce, vamos.
Generalmente es alguien que gana bastante más que tú y que ha llegado hasta su poltrona gracias a que o bien es un tonto útil o bien es un inútil listo. A veces cuesta etiquetarlos porque mudan de un estado a otro, dependiendo de cómo gire el viento; son, ante todo, supervivientes y son, en general, más inteligentes que tú y que yo.
No hace mucho salió esta conversación con unos amigos. Nos preguntábamos por qué en la mayorÃa de trabajos el que está por encima es un completo inútil. Todo el mundo lo sabe, es vox populi pero allà sigue. Si de aquà a 20 años vuelves al último trabajo que tuviste, quizás la mayorÃa de tus excompañeros hayan dejado la empresa pero ten por seguro que el inútil seguirá allÃ. Y seguro que habrá conseguido un par de ascensos.
Además hoy en dÃa los inútiles están más de moda que nunca: dominan el mundo. Quiebran bancos saneados, llevan a la crisis potencias mundiales y, sin embargo, se van a casa con los bolsillos llenos mientras el resto del mundo se vuelca para reflotar los barcos que ellos han dejado a la deriva. Las ratas son siempre las primeras en abandonar los barcos asà que si un inútil se va: véte detrás. Porque, además, son gente con suerte; no sé cómo se lo montan pero siempre consiguen eludir responsabilidades.
Y yo me pregunto: en realidad, el inútil ¿nace o se hace?. Quizás sirva un ejemplo (cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad):
Pongamos que Don Menganito llega a la empresa Güiardechampionsmaifren, S.A. Acaba de salir de la universidad, de hacer cuarto y mitad de Master del Universo, habla hasta swahili y quiere aplicar todo lo que ha aprendido y aprender cosas nuevas. Pero tendrá que empezar desde abajo porque la vida es asÃn: no hay máster ni idiomas que valgan, la experiencia es lo que cuenta, de momento. Don Menganito llega cada mañana el primero a la empresa, hace sus tareas y cuando las acaba pide más a su jefe. El jefe cada vez va delegando más en Don Menganito para que asà se sienta útil. Esa carga de trabajo lleva a Don Menganito, el del master, el de los idiomas y el que no tiene experiencia a pasarse el dÃa pasando informes que luego firmará como propios el Jefe asà que acaba haciendo las mismas tareas sin motivación. Cada vez que el Jefe le pregunta si sabe hacer tal cosa él se alegra de poder decir que sà para asà demostrarle que puede contar con él para cuando quiera, aunque eso le suponga más carga de trabajo. Se vuelve a motivar, ve que en realidad el Jefe se está ocupando de su formación y sabe bien que sus conocimientos son amplios y aplicables.
En eso llega alguien nuevo a la empresa, alguien algo más mayor, de la vieja escuela. Pongamos que se llama Don Inútil. Apenas habla bien el castellano pero tiene gracia y salero; sabe venderse. Tiene mucha experiencia, sabe delegar y ha conseguido ser alguien desde la nada en todas las empresas en las que ha estado. Esto sorprende al Jefe, cautivado por la capacidad de superación de Don Inútil. Admira que “personas con poca formación tengan las mismas oportunidades que los tubirones hambrientos que salen de las universidades de hoy en dÃa”, -dice con orgullo Don Inútil. Don Inútil llega antes a la empresa que Don Menganito y se va el último. Productivamente no aporta nada pero sabe estar en el sitio adecuado en el momento adecuado y le dedica todas las horas del dÃa. Se codea con la élite y como el Jefe sabe que no tiene ni idea de casi nada, carga con más trabajo a Menganito, quien está bien donde está, saca adecuadamente la faena y es muy productivo.
Poco después llega la primera oportunidad. Alguien se prejubila y queda un puesto de directivo intermedio vacante. Don Menganito está convencido de que el puesto será suyo, ha demostrado sobradamente que sabe llevar la gestión, ha aprendido de todo asà que ya tiene experiencia y por fin su esfuerzo va a ser recompensado. Pero poco después se anuncia que Don Inútil ocupará ese despacho, que allà vegetará las doce horas diarias de dedicación exclusiva a la empresa y sin cometer un solo error, sólo levantará su pesado culo de su poltrona para asistir a las innumerables reuniones superurgentes que se celebran cada quince minutos. Con este ascenso, el Jefe quiere demostrar que en Güiardechampionsmaifren, S.A se dan las mismas oportunidades a todo el mundo. Viva la democracia.
Don Menganito se siente defraudado, incapaz de conseguir un puesto que estaba hecho a su medida. Está deprimido y harto; su carga de faena aumenta con Don Inútil porque como no sabe hacer nada le toca a él echar el resto, pero a la hora de ponerse medallas todas van a parar a la misma pechera. Su faena queda escondida detrás de esa expresión que tanto le gusta a Don Inútil: ese gran grupo humano que forman. Cuando Don Menganito se equivoca, estresado por la gran carga de trabajo, el grupo humano se reduce sólo a él. Don Menganito la ha cagado. Menos mal que está Don Inútil para contarlo.
Un dÃa Don Menganito, asqueado y deprimido, decide recoger los bártulos y probar suerte en otras empresas, pero cae repetidamente en el mismo error. El mundo está plagado de Don Inútiles que se aprovechan de él para trepar. Asà que unos años después, en su enésimo trabajo, cuando su futuro Jefe le pregunta que qué sabe hacer, simplemente dice:
- Me llamo Don Inútil, con eso lo digo todo.
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