Ago 042008
Yo no quería volver. Se lo había repetido miles de veces a mi padre pero para él sólo existía una disyuntiva: sí o sí. Partimos de madrugada en aquel coche destartalado, el coche de toda la vida que mi padre se negaba a cambiar, era ya como otro miembro de la familia. Salimos con la fresca pero a la que el sol empezó a asomarse y a filtrarse por las lunas del coche, empecé a maldecir de nuevo a mi padre y su deseo tozudo de volver al pueblo de mi madre, Entreflores.
Inesperadamente, el bochorno y el aburrimiento… continúa leyendo

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